La autoestima no es vanidad
Existe un malentendido cultural muy extendido: creer que querer(se) bien a uno mismo/a es egocéntrico o superficial. La realidad, desde la perspectiva clínica, es exactamente la contraria. La autoestima sana es la base sobre la que se construye la salud mental.
El psicólogo Nathaniel Branden definió la autoestima como "la experiencia de ser competente para afrontar los desafíos básicos de la vida y ser digno de felicidad". No es un sentimiento sino una valoración global y relativamente estable de uno mismo.
¿Cómo afecta la autoestima a la salud mental?
La investigación es concluyente en varios puntos clave:
1. Resiliencia ante la adversidad Las personas con autoestima sana afrontan las dificultades desde la convicción de que son capaces de superarlas. Las personas con baja autoestima tienden a interpretar los fracasos como confirmación de su valor insuficiente.
2. Relaciones más sanas La calidad de nuestros vínculos afectivos está directamente relacionada con cómo nos sentimos por dentro. Es difícil establecer límites saludables desde la carencia de valor propio.
3. Vulnerabilidad a la ansiedad y depresión La baja autoestima es uno de los factores de riesgo más consistentes para el desarrollo de trastornos del estado de ánimo.
Autoestima saludable vs. autoestima frágil
Es importante diferenciar entre:
- Autoestima genuina: estable, basada en el autoconocimiento, tolerante a la imperfección.
- Autoestima contingente: dependiente de la aprobación externa, los logros o la comparación con otros. Fluctúa constantemente.
La segunda es tan problemática como la baja autoestima, porque hace que la persona necesite validación externa constante para sentirse bien.
¿Se puede trabajar la autoestima?
Absolutamente. La autoestima no es un rasgo fijo con el que nacemos. Es una construcción dinámica que se puede transformar a través de:
- Terapia cognitivo-conductual: identificar y reestructurar creencias nucleares negativas.
- Terapia de esquemas: abordar patrones relacionales y de pensamiento arraigados en la infancia.
- Autocompasión: aprender a tratarse con la misma gentileza que trataríamos a un amigo querido.
- Exposición gradual: atreverse a actuar aunque el miedo esté presente.
"No podemos pensar bien, amar bien, dormir bien, si no hemos comido bien. Lo mismo aplica a la autoestima: no podemos relacionarnos bien, trabajar bien, vivir bien desde el vacío del propio valor."
Conclusión
La autoestima es el fundamento invisible de nuestra salud mental. Trabajarla no es un lujo: es una necesidad. Si sientes que tu relación contigo mismo/a podría mejorar, la psicoterapia puede ser el espacio donde ese cambio comience.
Escríbeme y hablamos sobre cómo podemos trabajarlo juntos.
Dra. Paloma Molina
Psicóloga clínica con vocación holística. Ayudo a personas a reencontrar su luz interior a través de la ciencia y la consciencia.
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